Aprendió, quizá demasiado pronto,
porqué se temen las palabras.
Fueron jadeos, todo lo que de ella recibieron.
Mordiendose el alma.
Perdiendo la virtud más de tres veces por semana.
Ella,
no intentó entender ni escapar a la maldad.
Y borraron cada noche sus pestañas
el hedor a soledad impregnado en los cristales.
Vestida de sudores,
eyaculando en suspiros,
arañando el techo.
Gimiendo al gozo de sentirse objeto, deseo.
Vivió desnuda, sin engaños, solo piel.
Nadie pudo sostener esa mirada que superando el vicio se recrea.
Bajaron la vista aquellos hombres de culpables despertares.
Y todo el que pagó, se supo vencido por no poseer nada.
Era tan libre.
Ni sus párpados lograron contener
la inquietud de unos ojos que respiran.
Pura vida.
No te arrugues muchacha, retén entre tus piernas el infierno.
Anuncia el vicio que mancha tus sabanas.
Pues solo controla el frío quien regala su calor.
[Caterina]
Espeluznante y dulce, extraño y esclarecedor al mismo tiempo.
ResponderEliminar-Retén entre tus piernas el infierno- pues, tal vez, es el único lugar donde realmente podemos encontrar la verdad humana…
Relata de una manera tan concisa todos los pensamientos que pasaron por mi cabeza cuando vi a unas prostitutas por la calle de no más de 15 años pero con miradas que parecían guardar siglos de realidades escondidas, sus ojos hablaban de asco, horror e indiferencia absoluta, y mi cabeza mientras me miraban me decía: si, amiga, esto es la vida.
No fue lástima lo que sentí en ese momento, no, fue un sentimiento más complejo, sentí miedo, miedo a la total y absoluta decadencia humana, a las toneladas de maquillaje impregnadas en los ojos de alguien que nunca tuvo inocencia, su mirada era como la de un animal de lengua bífida, que te observa, te analiza, te explora, te mira desde la oscuridad, desde el infierno, un lugar del que ella forma parte, pues probablemente nació de las entrañas de Belcebú y su alimento ha sido el de la corrompida leche (…)
Sara.
Foto para el recuerdo. Palabras para el olvido. Un beso artista. Garko
ResponderEliminarSara...espeluznantemente brillante. Sabes, esa misma fue la mirada que vi. Fue en Madrid, a plena luz y me sigue desde hace tiempo. Esa altiva indiferencia me hizo tan pequeña. Me sentí debilitada y sin armas para defenderme de tanta realidad. Probablemente prefiera sobrevivir a mis facilidades, esquivando verdades. Siempre resultará más fácil teorizar falocentrismos sentadas en escaleras de piedra.
ResponderEliminarPor cierto, tenemos un post-café pendiente.
Y diré más: mucho París, boheme y hombres con canas y bastón es demasiada magia para dejarla en el sótano.