FOUCAULT me ha tocado, o mejor dicho, recubierto. Puede que sea excesivamente impresionable o que, simplemente, [sin caer en retóricas que justifiquen mi ignorancia haciendo que resulte simpática] mi desconocimiento hacia ciertos aspectos filosóficos causen en mi un éxtasis”, de duración variable que me lleva a relacionar/buscar todo aquello que se asemeje a mi nuevo hallazgo. Como cuando uno aprende una nueva palabra y de repente es como si todos hubieran decidido usarla.
Quizá sea esa la razón por la que el post de
Falando no deserto “Panoptismo” activó ese mecanismo de curiosidad cómplice [o puede que solo intente demostrar que existen otros tipos de redes]. El caso es que el último interrogante me llama la atención. En otro contexto es posible que mi reacción fuera un conciso: “me gusta” o, un algo más elaborado: “ interesante reflexión”. Pero, un momento, ¿no resultaría más gratificante que la “reflexión interesante” se reconstruyera en mi subjetividad formando así una nueva reflexión, puede que sino interesante, propia ? ¿Acaso no es ese el objetivo del ciclo de la Cultura [mayúsculamente], el devenir del conocimiento? Debería, aunque sea solo
por honrar a Simmel, responder a dicha reflexión con un discurso paralelo que justifique [por lo menos] esta pedante introducción.
“¿Seríamos capaces de autoorganizarnos sin dioses?”. Me tomo la libertad de interpretar “autoorganización” como reorganización, o más exactamente “reautoorganización; en base al supuesto de que el proceso implicaría un cambio o transformación [re-] propiciado por la misma sociedad [-auto-] sobre una -organización establecida. Pero lo que me incita a reflexionar no es la falta o no de un prefijo, sino el uso del termino “capacidad”. Contextualmente, el termino presupone la necesidad de dicho cambio o la posibilidad del mismo. Debido, en este caso, a una relación de causa-efecto propiciada por la explosión de ciertos acontecimientos. El control masivo [por el populacho, nosotros, los mortales] de las bases de datos infinitas que registran cada uno de nuestros pasos virtuales, llamadas perdidas e incluso cuantos versos de Miguel Hernandez soy capaz de leer durante el dulce y rutinario proceso de evacuación. El control de información proporciona poder, los poderosos tienen la información, no quieren compartirla, violencia simbólica
¿a ti nunca te han pegado?...ya os sabeis el rollo.
Pero supongamos [en un caso hipotético] que podemos acceder a ella. En este caso, las bases de datos. Que tenemos total libertad para urgar en los innumerables numeritos que significan cosas que hace la gente. ¡Mi
sociologuillo corazón se vuelve loco, podría nadar en una piscina de variables cruzadas que agotarían facilmente los 30.000 días de prueba de mi SPSS! Pero, [siempre hay un pero]...¿Lo deseamos? ¿Queremos asumir la responsabilidad de nuestra Libertad? La premisa alcanza otra perspectiva, los dioses murieron y estamos solos. Solos y con un montón de datos que empiezan a ahogarnos. Ya no se trata solo de capacidad, hablamos de comodidad, de acomodarse en tu pequeña parcela y
fingir que no hay torre ni panoptismos. Visto así, en terminos absolutistas [de los que van en mayúsculas y llenan la boca]: Control, Poder, Capacidad, Deseo, Libertad,...la realidad resulta abrumadora e inabarcable.
Acojona.Y es en este punto donde abrazo a Foucault. Él me habló del poder como maraña, que puede ser más nocivo, pero se me antoja más llevadero. Es decir, más desestructurable a mi nivel, desde mi interior. De dentro a fuera y en todas direcciones. Por que la Libertad, como mortal, me queda grande. Pero él me habla de autonomía. De subjetividades conscientes que reniegan de lo establecido automanipulandose en el ejercicio de la diferenciación.
El campo de batalla pasamos a ser nosotros mismo. Por lo menos, automanipularse es gratis y no hay que desplazarse. De momento...
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Desvariando con vistas a la Macu. Puesto que nadie lee el Blog me he permitido el lujo de rayarme. Para ser un nodo, para joder o para ver si consigo almenos un “no me gusta” como señal de vida. Se os quiere hasta en silencio.
[Caterina]